Hemos dedicado los dos últimos días a recorrer los alrededores y explorar el lugar en el que nos hemos establecido. Definitivamente, Grande Prairie no impresiona por su belleza. Es una ciudad desperdigada, que ha crecido de forma anárquica y no presenta una estructura clara u organizada. El centro sí está dividido en calles más o menos paralelas o alineadas, pero se compone de tres, cuatro calles a lo sumo. El núcleo urbano está enfocado a diversos tipos de negocios: tiendas de ropa, zapaterías, supermercados, bancos, hoteles... y observa un carácter estrictamente comercial; las viviendas en este área son escasas. Las construcciones consisten mayoritariamente en edificicios de una única planta. Es curioso visitar un centro comercial (el "mall", le llaman aquí) o unos grandes almacenes y no hallar ni una sola escalera mecánica. Deduzco que el motivo para ello estriba en que el espacio no representa un problema y esto favorece el crecimento en horizontal. La ciudad aún dispone de kilómetros y kilómetros por edificar, por ello se construye en llano y no hay necesidad de apilar los inmuebles en pisos. La falta de altura en un lugar ubicado en una llanura inmensa, otorga a la ciudad una apariencia plana y uniforme, dando incluso una sensación de aplastamiento. El río y la hondonada que acoge el parque Muskoseepi, el principal y más grande de los varios que existen en GP, suponen los únicos desniveles que rompen la uniformidad de esta parte de la población.
Para compensar, las zonas residenciales, situadas al norte y sur del centro urbano, están planeadas con un diseño circular de calles y veredas serpenteantes. Frente a la holgura de las construcciones del centro, separadas por anchas avenidas y carreteras, en los vecindarios de los suburbios las viviendas, generalmente unifamiliares con presencia de algún bloque bajo de apartamentos, se agrupan en semicírculos, más apretadas y proximas las unas a las otras, aunque dejando espacio suficiente para la intimidad. Están fabricadas de madera, con el armazón interior de un conglomerado grueso, como pudimos apreciar en las casas a medio construir, y revestimiento externo de laminado, para permitir un mejor aislamiento. Muchas de ellas cuentan con un coqueto y acogedor porche en la entrada.
Los barrios residenciales, algunos envolviendo lagos y otros rodeados de naturaleza, encierran mayor encanto que la ciudad en sí. A primera vista, parecen entornos muy agradables para vivir. El típico vecindario familiar de película disney en el que la abuelita de la puerta de al lado hornea galletas y se ofrece amablemente para cuidarte a los niños mientras sales a hacer recados.
La dispersión y la considerable distancia que separa los sectores habitados del centro urbano comercial exigen el uso diario del coche. A ello se une el hecho de que en las temporadas de grandes nevadas resulta más fácil desplazarse al volante que caminando. Muchos establecimientos disponen de "Drive thru" (lieralmente, "conducir a través"; básicamente, el sistema del MacAuto), y se puede tomar un café de Starbucks o sacar dinero de un cajero automático sin bajarse del automóvil. Mayor comodidad, imposible.
qué bien leerte, maría!
ResponderEliminarbesos a todos.
¡Qué bien escribes, María! ¿no se te ha ocurrido dedicarte al periodismo? :-)
ResponderEliminarMuy interesante tu blog, seguiremos tus aventuras con interés. Muchos besos navideños para tus chicos y para ti, más.
Me tienes enganchada...Que emocionante...
ResponderEliminarAqui otra enganchada ;-)
ResponderEliminarGracias a todas por vuestros comentarios.
ResponderEliminar¡Uy! Dieca, ya me gustaría volver a ganarme el pan escribiendo a diario, como solía. Pero, tal y como está el patio periodístico... me parece que mejor sigo rajando aquí por gusto. Además, como es mi blog y no hay a quién dar cuentas de lo escrito, tampoco tengo que pelearme con ningún redactor jefe capullo por el enfoque...
Besotes y gracias por estar ahí.