Llevo tanto tiempo sin escribir en el blog que se me acumulan los acontecimientos y las historias que me gustaría contar. En cualquier caso, ya advertí de mi carácter anárquico e inestable en la presentación de este humilde proyecto.
Ya llevamos más de tres semanas en la casa. Dos de ellas solos el peque y yo. Entramos un martes y el miércoles enviaron a Joe a su primer trabajo de campo, con lo que la cuestión de organizar se alargó más de lo deseado. Pero bueno, eso es ya pasado. Reciente, pero pasado afortunadamente. Ahora nuestras pertenencias ya han encontrado su lugar y la comodidad se ha instalado finalmente en nuestra existencia. ¡Hogar, dulce hogar!
Surgieron un par de inconvenientes ya solucionados. El principal: voltaje eléctrico. Nadie me había avisado de que en Canadá la electricidad funciona a 110V. Así que, una vez desembalados, me encontré con que mis electrodomésticos no me servían de nada: ni cafetera express, ni equipo de música, ni tele… Vale, que no cunda el pánico, tiramos de transformador y solucionado. Pues no, no era tan fácil. Tras un largo peregrinaje de establecimiento en establecimiento, nos dimos de bruces con la realidad de este rincón del mundo al que nos hemos trasladado: no existía ni un mísero transformador de potencia en GP. Y, sorpresa mayúscula, tampoco en Edmonton, la supuesta “big city”, que así perdió para mí su cualidad de “big” y casi que la de “city” también. Al final, aunque tampoco fue tarea sencilla, los conseguimos por Internet y nos han llegado a mitad de semana.
En los primeros días libres de Joe, bajamos a Edmonton – capital política de Alberta, la capitalidad económica le corresponde a Calgary – de compras. No visitamos los alrededores ni nos detuvimos a hacer turismo. Íbamos a traernos lo que necesitábamos y no nos encantamos en contemplaciones. No vimos mucho más que los imponentes edificios de cristal del centro y los comercios a los que entrábamos, lista en mano. No obstante, Edmonton me dejó la impresión de una ciudad con mucha vida interior. Esto se debe al sistema que utilizan para evitar salir al exterior en época de bajas temperaturas: el pedway system. El pedway consiste en un complejo entramado de pasadizos que comunica hoteles, bancos, centros comerciales, plazas y transporte público, permitiendo recorrer la zona central de la ciudad sin poner un pie en la calle. Reconozco que resulta muy práctico cuando el termómetro marca 20 grados bajo cero, aunque por otro lado, le resta vitalidad y dinamismo a la ciudad, cuyas calles aparecen vacías y sin vida.
Con motivo de este viaje, comentaba el otro día con una amiga acerca de cómo cambian las cosas según en qué parte del mundo vivas. Todo es relativo. Y el relativismo se ha establecido en mi nueva existencia. Para los locales, Edmonton está aquí al lado: a “tan sólo” cinco horitas en coche (¡OMG! ¡A la vuelta misma de la esquina!). Pero, claro, teniendo en cuenta el tamaño de este país, las distancias canadienses no tienen nada que ver con las españolas o las escocesas. En eso radica la principal diferencia entre vivir en un país XXL o en países, como aquel que dice, de bolsillo. Otro aspecto que ha adquirido una nueva dimensión es la temperatura. De toda la vida me han conocido en mi familia como la friolera “number one”. Me costaba mucho sacar la ropa de verano o quitar la colcha y la manta; en cuanto acababa septiembre, me acoplaba delante de la estufa, chimenea o cualquier artefacto que produjera calor y hasta junio permanecía, cuando estaba en casa, pegada al artefacto en cuestión. Aquí, 5 grados me parecen gloria bendita, como una primavera anticipada. Y menos 3 o menos 5 no representan más que una ligera incomodidad. Y pensar que no hace ni cinco años, con el simple hecho de figurarme esas temperaturas se me congelaba la imaginación.
En este tiempo, ya casi dos meses y parece que aterrizamos anteayer, hemos ido profundizando un poco más en el día a día de GP y entablando algunas relaciones.
Una de las primeras personas que conocí fue S., canadiense que domina el español y profesora del College regional. S. proviene de Manitoba, pero reside en Alberta desde hace más de 40 años. Es una mujer encantadora, dulce, discreta, cercana… Hemos quedado un par de veces a tomar algo con ella y su amiga C., mexicana que lleva en GP unos 7 años. Mi primera conversación en castellano tuvo lugar en un café con estas dos mujeres a las tres semanas de nuestra llegada. Ellas me informaron de cómo era la vida y la gente de GP. Aún recuerdo a C. preguntándome, “¿Y qué? ¿Te gusta Grande Prairie?” y a S. respondiendo antes de que yo pudiera siquiera abrir la boca: “No la pongas en un compromiso que ahora tendrá que ser educada y diplomática; no nos va a decir que no. Pero ¿A alguien le puede gustar esto?”. Aquella misma tarde escuché por primera vez (luego ha habido alguna más) la afirmación de que en este lugar existe racismo, de que esta parte de Canadá es diferente al resto, de que la gente carece de cultura e inquietudes… No sé. De momento, continúo asumiendo una actitud observadora y evito juzgar. Por otro lado y para ser justa, he de reconocer que, hasta ahora, no he vivido ninguna experiencia negativa.
Hay más gente que forma parte de nuestro día a día: K. y K., madre e hija del Parents Link Center (PLC) con las que coincidimos en distintas actividades; V. y Z., otra mamá del PLC y su peque, con los que nos hemos encontrado por casualidad en la piscina varias veces; M. y sus nenes, J. y T., una chica venezolana con la que parece que está germinando una relación más estrecha; las más recientes N., R., J., y otras mamás del grupo de nuestro barrio (en otro post me extenderé sobre ellas)… La verdad, en poco tiempo hemos logrado hacernos un hueco. Mudarse con un bebé de 13 meses comporta muchos inconvenientes y alguna ventaja, quizá a la que más provecho le estamos sacando es a la de relacionarnos con otras madres, que nos permite contar con un poquito de vida social. Y cuando con algunas de ellas hablas de algo diferente a los niños: política, cultura,… sientes que estás regresando al mundo, que aún formas parte de él.
Nenaaaaaa! Que ganas seguir leyendo! :) un besote
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