Alguien me dijo que los primeros días tras la mudanza vendrían a encarnar el inicio de una romance: excitación, pasión, novedad... Creo que es cierto, aunque parcialmente. No se ha producido un enamoramiento con este lugar; consecuentemente no existe el ardor apasionado. Sin amor la sangre no se enciende, no hierve; no sobreviene la locura ni el frenesí. Esto resta algo de entusiasmo a la aventura. Sin embargo, la novedad, la diferencia, el contraste con lo vivido anteriormente, sí aporta esa pequeña propina que representa el descubrir poco a poco lo inexplorado. Y, en este sentido, es equiparable al conocimiento gradual del otro en una relación romántica.
Quizá, la falta de pasión entrañe una especie de beneficio: una mayor objetividad a la hora de valorar el contexto. La ausencia de enajenación nos dota de una mirada más higiénica, más libre, cargada, en cualquier caso, de curiosidad. Y, tal vez, aporte también carencia de expectativas y, por lo tanto, de decepciones. Cada rincón, por muy anodino que sea, puede esconder una pequeña sorpresa, cosas simples que se agradecen por el mero hecho de que no esperábamos hallarlas en un lugar perdido, gris y plano como este. Encontrar una librería bien abastecida, un establecimiento de lanas regido por una viejecita encantadora, una tienda de juguetes... Insignificancias que tontamente nos alegran una mañana.
Empiezo a considerar GP como el mejor amigo del chico que te gusta a los 15 años. Ese chaval simpático y atento que te cae bien pero no te provoca nada especial, con el que acabas enrollándote por la razón equivocada. Ese al que utilizas para estar más cerca del verdadero objeto de tu adoración, que ni siquiera ha reparado en ti. Este idilio rebotado suele terminar mal; pero, en ocasiones excepcionales, se convierte en una bonita historia de amor. Anhelaba conocer Canadá y me he instalado en GP para tener la oportunidad de moverme, de viajar, a través de este inmenso país. GP es el campamento base. El amigo feo del que, quien sabe, tal vez un día me enamore.
De momento, ni devoción ni ternura. Seguimos en la fase de aproximación. Intentando profundizar en el entorno y sus gentes. Y, para ello, nada mejor que acudir a un evento deportivo local: partido de hockey sobre hielo.
Los equipos (Grande Prairie Storm Vs Lloydminster Bobcats) pertenecen a la Junior League de la provincia de Alberta y están formados por chicos de entre 17 y 20 años. Nosotros íbamos con el Storm, "of course". Nos gustó la esperiencia. Mi contacto con este deporte se limitaba a "El castañazo" (comedia de los 70 con Paul Newman) y una peli de mi adolescencia protagonizada por Rob Lowe y Patrick Swayze, que recordaba vagamente y que he tenido que googlear para identificar: "Youngblood". El espectáculo en directo resultó menos violento de lo que en principio imaginábamos iba a ser. Aún así, indudablemente se trata de una disciplina de contacto, las cargas cuerpo contra cuerpo, empujando al jugador contrario contra el muro se sucedieron a lo largo de todo el encuentro. Y presenciamos una pelea individual entre dos jugadores que, por lo que me documenté tras el partido, se permiten siempre que no se utilicen los sticks y los sujetos envueltos en la refriega se hayan deshecho de protecciones como los guantes. Lo asombroso de la escena, aparte de la pelea en sí, fue ver a los árbitros de testigos principales, contemplando impasibles como se zurraban y escuchar al público jaleando a los contendientes. El ambiente se acaloró y los asistentes parecían incluso más animados tras el encontronazo.
En la entrada y el interior del pabellón se podía leer en diversos carteles que aquél era un recinto familiar, y, de hecho, en las gradas se distinguía una abundante concurrencia de público infantil: muchos bebés (incluido el nuestro) y niños por debajo de los 5 años. A pesar de todo, el ice-hockey se considera apto para menores. Agresividad y excesos físicos aparte, es fascinante observar a los jugadores patinando a velocidades increíbles, admirar cómo se desplazan sobre el hielo, la agilidad, la pericia en el manejo del stick... La rapidez y la destreza no dejan lugar al aburrimiento.
Con tanto divagar, se me ha echado el tiempo encima. La descripción y las imágenes de la casa que hemos alquilado quedan postergadas para otra entrada.
Ah! Se me olvidaba añadir el resultado del partido: perdieron los locales 2-4. Creo que hemos escogido un mal año para mudarnos, el equipo ha ganado varias veces la liga provincial, pero esta temporada están los penúltimos de la división norte. Habrá que acudir a menudo a apoyar a estos chicos... ¿Qué no nos sacaremos abono...?
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