lunes, 9 de enero de 2012

Icy paths

Bueno... Parece que ya nos vamos amoldando a la ciudad... Y adaptándonos... Adaptándonos a establecer una rutina diaria sin la compañía continuada de papá, a conducir nuestro camión amarillo en esta distribución de calles y avenidas enlazadas de forma perfectamente organizada (numeradas y ordenadas en forma ascendente de este a oeste, las calles, y descendente de norte a sur, las avenidas), a comprar en supermecados con marcas y productos desconocidos, a jugarnos la vida caminando sobre hielo y a la ausencia de nieve de este insólito invierno que persiste en su indulgencia, regalándonos un clima extremadamente apacible para esta zona y esta época del año.

Inauguramos 2012 literalmente temblando. La mañana del 1 de enero amaneció con la cifra de menos 20 grados brillando en la pantalla del termómetro digital. Con tal bajada de temperatura, interpretamos que la tan temida inclemencia de Alberta hacía, finalmente, acto de presencia. ¡Nada más lejos de la realidad! En la última semana, hemos disfrutado de mañanas "cálidas" -menos 2/3 grados de mínima, la más fría- y soleadas y alguna que otra tarde-noche lluviosa. Problema: lluvia = agua. Agua que se congela con el frío del amanecer, formando extensas capas de hielo en aceras y asfalto que se van derritiendo en las horas del mediodía y transformándose en una trampa resbaladiza y mortal. ¡Horrible desplazarse apenas unos centímetros sobre esa superficie deslizante! Te sientes como un funambulista intentando mantener el equilibrio sobre la cuerda floja: brazos en cruz, pasos cortos y colocación estudiada y segura de cada pisada. Aún así, nada ni nadie te libra de unos cuantos patinazos... 


A pesar del riesgo manifiesto de trompazo, cruzar las amplias carreteras de esta población, construida atendiendo a la comodidad de los vehículos como premisa principal y con absoluto menosprecio hacia el peatón, no entraña un peligro excesivo gracias a la amabilidad de los conductores. Rostros cordiales que sonríen, con contadas excepciones, desde detrás del volante y no dudan en detenerse y ceder el paso a los viandantes en cada intersección. Con la santa paciencia, además, de esperar a una patosa porteadora de bebé, que avanza con inseguridad y a una velocidad de tortuga y se toma sus buenos cinco minutos para alcanzar el otro lado de la calzada. 

Resulta frustante para una paseante vocacional constatar la imposibilidad de recorrer la ciudad a pie sin exponerse a sufrir un desagradable percance. La semana pasada, cogimos el autobús hasta el centro y, una vez allí, en el reducido perímetro del núcleo urbano, que conforman las cuatro calles de pequeños comercios más o menos tradicionales, estuvimos a punto de estamparnos en unas diez ocasiones. Casi cada persona con la que nos encontramos tras un mostrador y entablamos conversación repetía: "GP no es una ciudad para caminar; y mucho menos con este hielo". Aún así, quizá en un intento estúpido de demostrar mi intrepidez y mi capacidad (¿Demostrar a quién?, me pregunto a toro pasado,... ¿A mi hijo de 13 meses?), o tal vez por pura y simple obstinación, me atreví a andar unas 3 avenidas extra hasta la biblioteca y, ya envalentonada, 5 más y un par de calles de propina hasta el Centro de Padres. Y ya puesta y para rematar la absurda obsesión que me dominaba aquella mañana, y que de paso me exponía tonta y gratuitamente a un esguince o algo peor, regresé caminando las 8 avenidas y dos calles que me separaban de la parada del autobús. Acabé, cuatro horas después de haberlo abandonado, de vuelta en el hotel con un dolor de corvas impresionante, provocado por la fuerza que había estado ejerciendo con mis piernas contra el suelo para evitar el morrazo.

Ahora puedo corroborar la afirmación de los tenderos de GP. Y lo que es más, asegurarlo desde el conocimiento empírico que me otorga la experiencia: "es una kk total patearse GP cuando todo el firme está congelado". Que sí, que cómo se puede ser taaaaaan corta, que debería haberlo sabido de antemano, que soy una testaruda y una imprudente y que no me valía con todo lo que me habían dicho y ya había comprobado previamente... ¿Qué se le va a hacer? Soy así de obtusa: tenía que cerciorarme y convencerme definitivamente de que sin el coche no voy a ningún lado en esta ciudad. Desde ese patético día, Aidan y yo vamos motorizados a todas partes.

1 comentario:

  1. Marieta, es que quien es caminante innato, lo es siempre....anda que las caminatas qie hacías en aberdeen eran moco de pavo! :) aqui otra a la que le gusta caminar - menos, eso si- y prefiere ir con el coche de san fernando si es posible. Asi que no me extraña que quisieras probar aun en contra de la opinion obviamente experimentada de tus ahora paisanos.
    ...y menos 20!!!!! Bueno, al menos no estais llegando a los temibles - taitantos (30, 40), que de pensarlo se te hiela hasta la respiracion, brrrr. Pero de leerte ya me he helao toaaaa!!
    Besos a mis expats preferidos. Y animo con la frescoreta!!

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